Mamá, ¿vamos al parque?

Un, dos, tres… al escondite inglés, pilla pilla, jugar a la pelota, castillos de arena; perfumes con hojas naturales; barro y risas, muchas risas…; jugar es oriundo, sano y divertido en la niños. Jugar es y siempre ha sido una forma de aprendizaje intelectual y físico, y así lo consideramos educadores, padres y las distintas culturas.

Entendemos el juego como la forma natural en que un niño imita a los mayores como herramienta de aprendizaje y valor social. Quintiliano decía: «Pues si los padres son las primeras personas a las que oirá el niño, a ellas tratará de imitar. No hay que olvidar que somos tenacísimos por naturaleza en retener lo que recibimos en los primeros años…»

Pero al juego hoy le damos un valor mucho más exigente, sabemos que el niño proyecta un distanciamiento del mundo de los grandes (adultos) haciendo un mundo suyo y único. El juego es su actividad mágica y de crecimiento personal. A pesar de tener tan claro que el juego es beneficioso, natural y complementa el desarrollo cognitivo, motriz y emocional del niño (y no tan niño), anteponemos nuestras responabilidades, horarios y los cumplimientos escolares por encima de lo natural. Nos agobia tanto que nuestros hijos no entiendan que deben cumplir que no buscamos complementar las obligaciones de los deberes conn el tiempo de juego.  Muchos somos los que comenzamos a temblar porque a nuestro alrededor niños de infantil y primaria tienen deberes programados para hacer en casas.

Entiéndanme, los niños tienen muchos deberes a lo largo del día, acaso no son también deberes los de casa (recoger, ayudar a ploner la mesa, ayudar con la lavadora…) y los deberes clásicos de la escuela (hasta en gimnasia hay deberes de compiar un enunciado… preferiría una tabla de ejercicios para reír juntos mientras me muestran los huesos/músculos…). Les invitamos a buscar la forma de complementar y hacer las tareas con visión de juego y además cooperativo.

Muchos son los estudios de ciencias diversas (antropología, psicología, historia) que nos han mostrado el juego cono aprendizaje social y juego como necesidad creadora de identidad propia hacen que el niño combine ambos como uno. El plano imaginario y el real no son extraños y se adaptan a las necesidades evolutivas de crecimiento. Por ello para cualquier niño jugar es un Derecho y así queda reconocido en el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN): «Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y esparcimiento y a las actividades recereativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y las artes».  Dicha Convención, celebró este pasado 20 de noviembre 2015 su veinte aniversario desde que Naciones Unidas y el Gobierno Español firmaron el tratado internacional más importante de protección a la niñez.

En el caso de España, estamos obligados a hacer un informe sobre el estado de la niñez en nuestro país cada 5 años. Dicho informe lo revisa el Comité Internacional de Derechos del Niño (personas de gran reconocimiento internacional en materia de infancia, tenemos la suerte de que el Sr. Jorge Cardona, valenciano, es uno de sus máximos jurados). La respuesta al último informe no se ha hecho esperar. Se hacen recomendaciones claras para pedir la regularización del Derecho al Juego y de la existencia de espacios de educación No formales.

Aprovechemos las vacaciones para jugar, cooperar, aprender y no mirar el reloj mientras estamos en el parque. Disfrutar con nuestros hijos también es un Derecho.

(publicado anteriormente en Nº 5 Diábolo Magazine)

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.