Crear es escucharte

 

Termina noviembre, se caen las últimas hojas y brillan las calles con el encendido especial de Navidad. Confieso que me encanta. Las navidades son para sonreír y avanzar con nuevos propósitos. Son muchas las energías positivas y buen rollo que emana la gente. ¡Reconozco que la parte emocional y creativa es la que me va!  Este año ha sido especialmente duro, muchas familias se han a cercado a mí para expresarme su malestar general con la falta de dedicación al bienestar y a su salud interior y por tanto a la de su infancia. Son muchas las tareas, las acciones y las responsabilidades y son pocas las devoluciones que sentimos como certeras. La presión y la sensación de complejidad diaria hace que mi suerte aporte aún más por el bienestar de la creatividad. No es naif ni baladí, la creatividad es como una endorfina que aporta escucharse y complacerse. Si me permito crear es porque necesito escucharme. Os invito a ello. Las navidades son tiempos en familia y tener a nuestros hijos fuera del círculo ordinario de la educación formal. Aprovechemos y busquemos de los espacios diarios una visión nueva que aporte tranquilidad y respeto interior. Elige un color, siente su bienestar y su emocionalidad. Aprende a respirar su nuevo significado y atrévete a sentir su intensidad. Nadie dice que es fácil.

Nuestra infancia crece a nuestro ritmo y a nuestro capricho. No es fácil ser niño. Son ellos los que piden un lápiz, plastilina, una revista… cualquier objeto de manipulación les sirve para crear un juego. Esa sensación de llenar vacíos con una caja o mirar una ventana y creer que viajas a la luna. Esa magia que los niños nos hacen vivir como nuestra es para mí la creatividad. Nadie es más creativo que nadie, pero sí hay momentos vitales, llenos de esperanza para crear con intensidad. No se los robes. No le dejes sin su lápiz ni su caja. Haz el esfuerzo a la inversa y busca qué hacer con la caja. La creatividad no entiende de edad ni de géneros.

Lo común es llamar creatividad al proceso personal de crear algo. Pero qué hacemos cuando se trata de niños prodigio que aprenden sobre un guión o sobre un papel ya enmarcado. Personalmente no estoy a favor del trabajo infantil ni de ganar dinero a costa de los niños, pero también escribo mi opinión desde una generalidad pues hay excepciones que demuestran que la genialidad pudo con el convencionalismo. No seré yo quien prohíba a un menor crecer libre en aquellas artes, las que fueren, que le hacen feliz y se crea parte de su propio proceso aportando y creciendo. Pocas profesiones dan tanta satisfacción como aquellas en que la creatividad y la plasticidad permiten crecer los personajes interiores y sus yo-s. La edad no debería suponer ningún obstáculo sino todo lo contrario, envidia sana por tener más tiempo para seguir explorando tu lado azul o geométrico. Pagar por ello, no sé, pero desde luego no debe suponer ningún límite para que todos seamos un prodigio para aquello que nos haga felices y aporte valor humano.

Feliz Navidad, fogosa creatividad y deja a la infancia ser niños.

(publicado anteriormente en Nº 12 Diábolo Magazine de Diciembre 2017-Enero 2018)

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